Al fondo del fondo, a la derecha

Diana Baccaro

Diana Baccaro

14/01/2022 21:00

Actualizado al 14/01/2022 21:00

Había que verlo al hombrecito apurar el paso por una calle de Kamakura, cerca del Gran Buda de Kotoku-in. Y había que verlo también retroceder en una esquina -que supo ser el centro político del Japón medieval- en busca de un bollito de papel que se le había caído al piso. Pero sobre todo, había que verlo al caballero hacer una reverencia en su retirada. ¿Al Buda? Nada que ver. El japonés juntaba las manos frente a su pecho y se inclinaba con pudor ante los dos turistas que caminaban detrás suyo, testigos involuntarios de su “pecado”: acababan de ver cómo en el país más pulcro del mundo a él se le caía un papel en plena calle.

En Japón no es fácil encontrar un tacho de basura en la vía pública (porque la basura trae más basura, dicen). La gente mete entonces sus desperdicios en el bolsillo o en la cartera hasta que llega a una estación de tren (los cestos están cerca de las boleterías) o a su casa. Pero se dice también que el pudor inventó los vestidos para disfrutar de los desnudos. Y acá en Buenos Aires, por caso, se ven cada vez más desnudos cerca del honorable Congreso de la Nacion: son los que orinan parados frente a los contenedores repletos de basura. Sobran tachos, sí, pero faltan baños.

Hay una ordenanza (46.798) que obliga a bares y restaurantes a prestar sus sanitarios, pero la mayoría los habilita solo para clientes. Y hay también una ley (6.107) que obliga al Gobierno porteño a poner baños públicos en grandes espacios verdes. Pero es más difícil encontrar un baño en Buenos Aires que un tacho de basura por las calles de Japón.

Cuestión de olores. Y pudores.

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