El libro que decidí salvar de la inundación: cuando Diana Bellessi se puso la mochila

Patricia Kolesnicov

Patricia Kolesnicov

14/01/2022 6:00

Actualizado al 14/01/2022 6:00

Cosas de los techos, de las bolsas de plástico que se echan a descansar en los desagües de las canaletas; cosas de esas viejísimas casas chorizo que amamos tanto pero llevan un siglo con el agua encima: llovió sobre mi biblioteca.

Chorros, baldazos casi. Una catarata sobre el sector izquierdo. Los libros de autores que empiezan con A, B, C… ay.

Aunque corrimos a moverlos, les dimos con secador, separamos las hojas, muchos se volvieron una cosa dura, pegoteada y bastante maloliente. Otros sólo una cosa dura. Otros con un olorcito que bueno, recuerda al agua pero tampoco te mata.

"Crucero ecuatorial", de Diana Bellessi

"Crucero ecuatorial", de Diana Bellessi

Una semana después, ante la evidencia de que las cosas no iban a mejorar, hubo que hacer la selección. Qué vuelve a la biblioteca aunque le pase todo lo que describimos antes. Qué se va con dolor. Qué se va y listo.

Entre esos libros cuyo destino había que decidir apareció uno finito, de tapas de cartón. Una pequeña belleza firmada por la –hoy consagrada– poeta Diana Bellessi. Crucero ecuatorial, se llama. Está tipeado en máquina de escribir y con dibujos de la autora. En la última página cuenta: "La primera edición se terminó de armar a principios de 1980 y constaba de ciento cincuenta ejemplares numerados y coloreados por la autora".

Pero ésta no es la primera edición. Sigue: "La segunda edición se imprimió en el mes de mayo de 1983 e incluye trescientos ejemplares numerados y coloreados por el lector". Dibujitos, líneas, papel de calcar que protege en algún caso.

Diana Bellessi. Foto Daniel Rodríguez

Diana Bellessi. Foto Daniel Rodríguez

El libro va contando -sí, la poesía también narra- un viaje que hizo Bellessi por América latina cuando era muy joven. "Salí hacia Chile con una mochila, un sueldo de maestra y unas intenciones no muy definidas", supo contar la poeta.

Los poemas pasan por Perú, por Ecuador, por México. Hay selva, ciudad, campos de maíz, de porotos, de papas; el soberbio desierto de Atacama. Hay pescadores –uno, de tiburones–; un ciego que cuenta historias, prostitutas, un flautista al que Bellessi llama "maestro", un alemán vagabundo de esos que siempre aparecen en los viajes.

"Corría el año 1970/ y los jóvenes se preparaban/ para el amor y la guerra", larga Bellessi, en medio de un viaje, como para contextualizar.

"Crucero ecuatorial", de Diana Bellessi

"Crucero ecuatorial", de Diana Bellessi

El libro parece fuera de ese tiempo: "Comimos pescado/ y un racimo de mangos dulces, anaranjados./ Después apareció el muchacho esbelto/ parecido a un novio que tuve a los diecisiete años./ Esa noche hicimos el amor,/ mientra me hablaba de los calamares lentos/ rosados/ que nadan juntos/ en la profundidad dorada del mar Caribe".

Entre viajeros y gente de paso, en Colombia la santafesina le habla de su pueblo a un asaltante que –por su cara blanquísima– la confunde con una turista estadounidense: "Creyéndonos turistas norteamericanas/ una pandilla de muchachos/ nos asaltó a navaja./ Ahí nomás les explicamos/ que a mal monte vas por leña/ y que ni plata ni esmeraldas. Uno me miraba/ el anillito de oro/ desgastado en el índice/ de mi mano derecha/. Le conté una historia de familia. /Le hablé de mi mamá, /costurera en un pueblito del sur/ que se llamaba Zavalla,/ y de mi viejo/ sol a sol en los potreros".

Este Crucero ecuatorial de cartón ya es difícil de conseguir, pero la editorial Eloísa Cartonera lo reeditó en su colección artesanal. Y es parte de Tener lo que se tiene, la obra reunida de Diana Bellessi.

bellessi

Esa salvaje

Cuando se editó esa obra reunida, Bellessi revisó todo. ¿Le dieron ganas de corregir, de sofisticar, de aportar la mirada más experta? "Tengo respeto por esa bárbara que no sabía cosas que sé ahora y que a veces obtenía mejores resultados que los que consigo yo. La dejaría salvaje, todo el tiempo posible", dijo en una entrevista.

Como si hiciera un manifiesto, una declaración de principios estéticos, la poeta termina hablándole a su guitarra: "Vuelvo a sacarte, con un rasguido popular,/ imperfecta, sensiblera, mi guitarra".

¿Imperfecta, sensiblera? Aquí pasan los soldados en la frontera, las mujeres en los mercados, los amores, la miseria, los templos, los dioses, las drogas, la hospitalidad, el miedo. Los lectores nos subimos, viajeros también, a un recorrido bien mirado.

Así se viaja.

PK

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