“La experiencia en la Terminal fue mi verdadero comenzar”

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Ella es María Florencia Escales Martín, una joven que hace unos días se recibió de Profesora en Ciencias Sagradas. Es hija Alberto Escales y Roxana Martin, ambos son docentes. Si bien su padre es Contador Público, se dedicó a dar clases, y su madre, es maestra de Nivel Inicial. Es la mayor de los hijos, le siguen Santiago, Juan y Emilia.

Nació el 27 de julio de 1994, en Santa Lucía, “ a los 6 años, nos mudamos a Rivadavia, porque allí les quedaba más cerca el trabajo a mis padres. Cursé mis estudios en la escuela en la Pérez Hernández” cuenta Florencia.

Si bien siempre le gustaron las materias humanísticas, las clases de Catequesis, me encantaban y cuando le tocó elegir qué estudiar en la universidad su papá le dijo » Te gusta hacer postres, por que no estudias  gastronomía. No llegué a cursar completamente 1° año de  gastronomía, porque me gusta cocinar, pero sin la presión esa que se genera al tener que seguir ciertas reglas para hacer una comida.

Y entré en una crisis de dudas, de no saber qué hacer, qué estudiar que me hiciera sentir plena. Y ahí estuvo mi papá, orientándome, y me dijo que  «en el Inst. Sta. María dictaban una carrera nueva relativamente, Ciencias Sagradas , probá, intentá.» Y cuando entré, me di que era lo que me gustaba.

«Teníamos materias pedagógicas y Teología me  gustaba, me di cuenta que disfrutaba mucho lo que estudiaba. Una vez que estaba avanzada la carrera  me di cuenta que necesitaba algo más, buscaba algo que respondiera a lo que buscaba. Conocía mucho a cerca de Dios, por la teoría, pero no conocía al Espíritu Santo» manifiesta Flor.

Un día tuve una experiencia muy «flashera»- dice entre risas – subo al colectivo, al 40, el chico de al lado, un joven de cabello largo,  leía una revista cuyo título del texto decía “la castidad “ y me pregunté ¿Qué hacía un joven leyendo eso, y en el colectivo, y tan jovencito que se lo veía?

Entre risas dice: “y de cara dura no más que soy le pregunté, qué hacía leyendo esa revista Cristo Vive.  Y comenzamos a hablar de espiritualidad, y cómo tenía algunos conocimientos del tema la charla se hizo muy linda y fue el recorrido más largo que hizo el 40”.

“Disfruté esa charla con un desconocido que hablaba de Dios. Y así, como pasa siempre cuando uno viaja, cada uno se bajó y chau, chau adiós. Una persona más en un colectivo», sentenció Florencia.

 

Pasa un tiempo, me encontraba trabajando cuando me llama una amiga y me invita a un retiro del Movimiento de la palabra , y al rato, me llama otra para  lo mismo, como si se hubiesen puesto de acuerdo.  Para mí esa fue una manifestación del Espíritu Santo.

Llegó  el día del retiro al que me invitaron mis amigas y estuve allí . Cuando fui a cargar agua en el termo, me encontré con un chico que me pareció lo conocía de antes, y le pregunté de una y me dijo que n. Luego me di cuenta que era el chico del colectivo, pero como habían pasado unos 8 meses no tenía porqué acordarse. Le recordé dónde nos conocimos y me dijo con una alegría, «- Sí, sí me acuerdo, me dijo» » recordó Flor además que le dijo después que se alegraba de verla. Y ahí nos presentamos «.

“Ese día, en ese retiro Dios me tocó y me llegó el Espíritu Santo, no porque lo diga yo, no.  No me di cuenta yo ahí no más no, sino que mis amigas se percataron” cuenta Florencia. Era diferente, es que me encontré con la misericordia de Dios, con su Ternura, me sentí amada por Dios, es como que me encontré con su amor cara a cara.

Flor  recuerda: «Entré con un rostro triste y salí renovada, yo buscaba mi lugar en la iglesia, y encontré  uno.  Quería vivir la fe, pero como me decía la hermana Mercedes, necesitaba ser acompañada, porque en ocasiones me sentía como el Hijo Pródigo. Sentía que me llamaba Dios a vivir una vida distinta.

En ese retiro aprendí que saber de Dios no basta, si no lo experimentas, no estableces un vínculo con Él , de nada sirve. Aprendí a mirar la vida con ojos de luz. Con el compartir con el otro .

 

 

 

“Yo quería vivir la fe, yo quería misionar, yo quería salir al encuentro de los demás, pero no quería ir sola. Encontré compañero de misiones, porque a Carucha le gustaba lo mismo.

Y un día salió la propuesta de llevar cafecito a los que estaban en la Terminal, y compartir con ellos un rato  y ahí me encontré. Vivir esa experiencia en la terminal con ellos allí, compartir mucho más que un café, una charla, un encontrar al otro, me sirvió mucho para la vida esa experiencia de vida, allí con ellos pude sentirme plena. Me encontré yo. En la experiencia de la terminal fue mi inicio  ” cuenta Florencia.

«Esa experiencia de comunión con el otro, con el que necesitaban una charla, afecto,  se sumaron muchas más, cada vez se notaba que quería hacer más y que se sentía bien, que hacía lo que le gustaba y le reconfortaba. Esa experiencia, despertó mi sensibilidad, de crecer en mi conciencia social».

Florencia se recibió hace unos días de Profesora de Ciencias Sagradas. Pero en esa misión   “descubrí que me he recibido, que tengo un título profesional, pero no mi título vocacional, ese es el que anhelo, ser Catequista de la Calle. Ahí en la experiencia con nuestros hermanos de la terminal, ese fue mi inicio. mi deseo es el de llevar la catequesis a los excluidos. cuenta con la voz un tanto distinta, y yo al borde de las lágrimas.

 

Y en esta nueva misión, en este nuevo anhelo por  concretar  estaba “Carrucha,( Carlos Quiroga, su novio)  «el fue la puerta que Dios puso en mi vida para conocer una forma de transformar la realidad”.

A Flor le gusta escuchar rock nacional, a Charli García, Sui Géneris, Quique Villanueva, los iracundos, Rodrigo. Su color favorito, es el Lila, y uno de sus libros favoritos es la Biblia y «CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA», UTOPÍA de Tomás Moro y SINCERAMENTE.

“Soy una mujer muy decidida, siento que encontré al Señor, él es mi roca, mi fortaleza, mi baluarte y mi salvación» finaliza Florencia.