Ser ansioso es tener un alien en el estómago y convivir con él

Ser ansioso no quiere decir tener cierta ansiedad cuando toca, porque eso es algo saludable; ser ansioso es tener un alien en el estómago y convivir con el monstruo de por vida. El ansioso no suele compartir sus crisis con nadie porque, por un lado, se siente algo avergonzado de generarse a sí mismo tal cantidad de síntomas y, por otro, ni él mismo entiende que sus diversos males sean provocados por la agitación mental. Del miedo a volar, que es uno de los más comunes, a la fobia al queso o a los botones; de los sudores repentinos a la tartamudez; del hormigueo a los mareos; del vómito al miedo a vomitar; de los dolores en las articulaciones a los de cabeza; del estreñimiento a la diarrea; del pavor a hablar en público a pensar que uno puede tirarse desde una ventana al vacío si de pronto siente el impulso. No hace falta seguir, el catálogo es interminable y el cerebro muy imaginativo: cada ser ansioso tiene su abanico de síntomas que son como una especie de derivación de los miedos existenciales.

El ansioso rumia durante horas su malestar y se siente impotente porque piensa que nadie le va a entender; el ansioso teme ser un pesado y suele escuchar más de lo que es escuchado. Los males se le calman con medicación y a veces, si el ansioso tiene dinero, con la ayuda de un terapeuta.

El 60% de los que soportan un estómago nervioso podrían encontrar ayuda en el psiquiatra

La ansiedad excesiva no favorece la creatividad, al contrario, incapacita. Pero como me dijo una vez un amigo psiquiatra: debemos ayudar al ansioso a que se calme, pero no tanto como para borrarle todas sus preocupaciones existenciales.

 

Fuente: https://elpais.com/

Los comentarios están cerrados.